LA OBRA

OBRA POR AMOR AL ARTE
Pese a las inquietantes luces del escenario, las innumerables miradas y el natural temor al principiar una ejecución, la sensación general que acompaña a la interpretación de estos pequeños músicos es de maravillado asombro y de una emocionada comprensión de que, con su talento y corazón, van abriendo un camino de perfeccionamiento para si mismos y para los que vendrán.

Por ello también por mucho más, resulta enormemente significativo incentivar las dotes, habilidades y práctica musical de nuestros niños tanto desde sus casas, como desde sus primeros pasos en el colegio.

Desde hace 35 años, nuestra organización viene sembrando semillas de armonía y talento en nuestra niñez, incentivando sus inclinaciones no solamente hacia la música, sino al arte en general. Nuestro compromiso, incluso más allá de la lectura de estas líneas, es duradero, leal y auténtico.



DESARROLLANDO VALORES

La Música, como complemento en la educación, despierta los más nobles sentimientos y valores, disciplina el cuerpo y agudiza la mente.

La Música, como Maestra de vida, nos enseña que la Armonía consiste no sólo en combinar sonidos físicos; la verdadera Armonía nace del interior.

Gracias a la Música, descubrimos que cada uno de nosotros participa, con su propio y particular instrumento, en la gran orquesta que conformamos con la humanidad. Sólo conociendo bien la Gran Obra que debemos interpretar en conjunto, y ejecutando nuestra pieza en armónico esfuerzo con los demás, verdaderamente estaremos haciendo Música, porque habrá verdadera Armonía dentro y fuera de nosotros.

Que esta lección los acompañe siempre, queridos jóvenes, para que puedan hacer de su vida una hermosa sinfonía.



UNA OBRA HECHA POR VOLUNTARIOS

Cada año alrededor de 5,000 voluntarios de Nueva Acrópolis en todo el Perú unen esfuerzos para que más niños y jóvenes desarrollen valores y capacidades a través de la práctica musical. A ellos se unen empresas y personas solidarias, comprometidas con las jóvenes generaciones y la educación en nuestro país.



Para ellos, para todos nuestros voluntarios, un profundo agradecimiento y respeto a esa inquebrantable voluntad llena de espíritu de camaradería y generosidad.







Beatriz Diez Canseco